30 inviernos
30 inviernos

30 inviernos

Cuando era una niña 
mi deseo favorito siempre era 
el de despertarme al día siguiente siendo adulta, 
porque tenía la necesidad de sentirme libre, 
de poder hacer lo que me diese la gana 
sin que mis padres me permitieran 
o me prohibieran cosas.

Ahora, 
esta señora que ha sentido pasar por su piel 
30 inviernos, 
lo único que desearía 
es poder ser de nuevo una niña
 en toda la extensión de la palabra.

Mataría por volver 
a estar de chuletada en el monte, 
mientras la mayoría de los adultos; 
tus tíos, tus abuelos y amigos; 
se sientan en la mesa a jugar a la baraja 
mientras se toman el café con el bizcochón 
que hizo la vecina. 

Adoraría volver a tener 
a todos mis primos conmigo 
correteando monte abajo, 
con tierra, 
pinocha 
y barro 
hasta en las orejas.

La adultez 
es una pedazo de mierda sobrevalorada, 
donde pagas el peaje de 
"hacer lo que te de la gana" 
con la familia separada, 
con amigos de quita y pon 
y con gente que viene y va. 

Donde es más fácil encontrar 
a gente interesada 
que gente interesante, 
donde la gente 
ya no tiene alma 
ni escrúpulos, 
donde no se deja 
de ser "gente" 
en vez de "personas".

Seguro que tu también 
creías que ibas a tener millones de amigos, 
que te ibas a casar 
con el chico/chica que te gustaba del cole 
y hasta cuadrabas 
como quedarían vuestros apellidos 
a vuestros futuros hijos. 

Pensabas que ibas a estar viajando 
de país en país, 
que ibas a tener un cochazo, 
una mansión 
y cuatro perros "de marca" 
en tu alfombra carísima. 

Y, lo peor de todo esto,
no es que no consiguieras 
toda esa mierda material 
que no te iba a hacer persona, 
sino que al ir creciendo 
tanto de edad como de espíritu, 
te vas dando cuenta 
de que las relaciones humanas 
son una mierda, 
que todo el mundo 
tiene algo que esconder, 
que por un lado 
alguien puede mostrarte su mejor yo 
y adorarlo 
pero 
de un plumazo 
irse todo al carajo.

Te das cuenta de que, 
implicarse mucho por algo o alguien, 
no garantiza 
que te venga de vuelta. 

Te cansas de darlo todo, 
de ser la persona fuerte, 
de ser paño de lágrimas, 
de ser un buen apoyo en los peores momentos 
y que en las buenas 
pasen de tu cara. 

Te cansas de dar todo 
por los que consideras "tuyos" 
para que luego esas personas 
sólo te den las sobras, 
las migajas de su ser. 

Te abres, 
te expones, 
desnudas tus sentimientos 
y tus miedos y; 
a veces; 
eso juega en tu contra 
porque te sentirás sola y vacía 
en un mundo lleno de hipocresía, 
mentira, 
falsedad 
y gente de cartón.

Ojalá 
y no te des cuenta demasiado tarde, 
que los únicos que van a estar ahí 
son los que han estado desde el principio, 
el resto viene y BAH.

Quiérete primero a ti, 
porque al final 
con la única persona que te quedarás 
será contigo.

De mí para mí en el año 2017

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