La azotea
La azotea

La azotea

Hacía muchos años que lo conocía. Como unos 8. Quizás eran 7. Bueno, el caso es que nos conocíamos desde hacía tiempo, no era alguien nuevo para mí.

«¿Quizás te asusté?» Le dije mientras revisaba una y otra vez el whatsapp buscando la ansiada confirmación de lectura. Mi mensaje seguía en visto y no lo veía en línea.

«Como lo voy a asustar ¿A él? No creo. ¿Será que sí? No te vengas tan arriba, que coño lo vas a asustar Quién te crees, bonita ¿La jodida Scarlett Johansson? Pues no Reina, no lo eres» Discutía con mi cerebro intentando razonar.


Abril de 2020. Abrí el OnlyFans y ahí estaba él, aunque él no sabía que yo sabía. Si, es casi un trabalenguas pero así fue. Él pensaba que desde las sombras y con un Alias que cualquiera podría tener pasaría desapercibido en OF pero nada más lejos de la realidad.

La primera vez que compró algo de contenido explícito yo me quería morir de la vergüenza en el trabajo. Sí, trabajamos para la misma empresa. Además tenía la sensación de que si le decía que yo sabía quién era, la magia de este juego se rompería, por eso me hice la tonta. El carácter fuerte que heredé de mi señora madre ha hecho que imponga distancia antes de que se me acerquen, así que él fue cauto. No quería que yo huyese, lo bloquease o empezase con mi película digna de premio Goya al mejor guion y actriz principal.

Ahí estaba yo, con los nervios que se me debían notar hasta en las pestañas poniendo mi mejor cara mientras él se acercaba a mi mesa después de haberme visto teniendo un orgasmo con uno de mis Satisfyer esta misma mañana. Ole mi coño gordo y rosa.

¿Cómo estás hoy rubia?– Preguntó pizpireto mientras sonreía como quien no había visto ese vídeo pero si lo había visto.

Cogí aire -Bien, aquí pasando la mañana- Respondí sonriendo mientras en mi cabeza no paraba de rondar que estuvo viendo ese contenido tan explícito. Y ahí estaba, haciéndose el inocente y con ese brillito especial de sus ojos.

-¿Qué planes tienes para esta tarde?

Obviamente no podía responder lo que realmente iba a hacer porque iba a jugar un rato con la cámara para OF y ambos los sabíamos. Lo había anunciado por diferentes redes y él me seguía en todas así que estaba más que enterado de mis planes de la tarde. Quería escucharme mentir, ponerme en un aprieto.

-Nada, organizar un poco la casa y preparar el almuerzo de mañana ¿Tú?– Respondí lo primero que se me vino a la cabeza e hice su misma pregunta. Fui rápida.

-Estoy viendo una serie en Amazon Prime Video y creo que esta tarde/noche me toca maratón- Respondió airoso.

¿Cuál?- Pregunté para saber hasta donde era capaz de llevar la farsa. Ya sabía que esa tarde estaría pendiente de mi publicación. Me había dicho por mensaje privado que estaba deseando verme puesta esa lencería nueva que tanto había anunciado.

-Una de superhéroes- Respondió rápidamente. La conversación siguió con temas poco relevantes, ni chicha ni limoná. Un poco de coqueteo, algunas miraditas disimuladas y prosiguió su camino hacia la sala de descanso con algunos de los compis. Vi como se marchaba moviendo el culo a través del reflejo del porta retrato que tengo sobre mi escritorio. También pude ver como se giraba para echarme una última mirada sin que me diese cuenta. Pero (casi) siempre me doy cuenta.


Llegó la tarde y con ella mi puesta en escena frente al objetivo del móvil. Al texto de la publicación le acompañaba una gran cantidad de material gráfico, tanto fotos como vídeos. Todo ese contenido estaba bloqueado excepto ciertas fotos menos explícitas para provocar al personal; que se queden con ganas de ver más. Tan solo habían pasado 30 minutos y un comprador salvaje apareció. Y no, no era él.

Perdí la cuenta del número de veces que entré en el chat para comprobar su última hora de conexión. Estaba muy ansiosa por saber en que momento vería algunas de mis fotos porque, aunque en las públicas no se veía nada de mi intimidad, si se me podía ver en lencería de encaje negro. Solté el teléfono y me dediqué a mis que haceres para no obsesionarme; soy mucho de hacerlo.

Había pasado más de una hora y ya no podía aguantar esas ganas de comprobar si ya se había conectado, así que lo hice. Ni comprobé quienes habían visto la publicación, las estadísticas o si otro fan había aportado; fui directa a lo que a mi me interesaba saber y ahí estaba: «Última conexión: hace 16 horas». Al final iba a ser cierto lo de la maratón de superhéroes. Que cabrón.

Me hice un porro gigantesco, lo encendí y me fui a la cama. Esa jodida mierda tenía el tamaño de la antorcha de la estatua de la libertad, normal que me noquease como lo hizo.


7:00 AM.

Suena el despertador y aún es de noche. Le doy a posponer y a los 10 minutos me vuelve a despertar esa musiquita. Satanás debe tener ese sonidito de hilo musical en el infierno para torturar a quienes no les gustaba madrugar en vida.

Me incorporo y toco el frío suelo con los pies desnudos. Suelo andar descalza a primera hora porque me encanta la conexión de mis pies en suelo firme; disfruto del frescor que la baldosa me ofrece al salir de la calidez de las sábanas. Lavo mi rostro, me calzo unas chanclas de andar por casa y comienzo mi rutina diaria en la cocina preparando café Lavazza en cafetera italiana. Disfruto del cortado mientras actualizo redes sociales, reviso OnlyFans buscando algún mensajito y compruebo la agenda preparada para el día que acaba de empezar.

Soy de esas personas suertudas que trabaja usando su teléfono particular, así que puedo acceder a cualquier cosa que esté en él en casi cualquier momento de mi jornada laboral.

Notificación: Nuevo e-mail

Desbloqueé par ver de qué se trataba, ya que esperaba un correo de un importante fotógrafo. Era una alerta de nuevo mensaje en OnlyFans. Entro directa pero suena el teléfono del trabajo y me quedo sin ni siquiera saber quien era el emisor. Joder.

Después de unos tortuosos 20 minutos de llamada con un comercial de la empresa del primo del cuñado del sobrino del jefe, me despido amablemente declinando la oferta y vuelvo al trabajo de ordenador. Acaba de llegar la supervisora de zona y no es buen momento de andar zorreando, aunque alguna miradita a su mesa buscando complicidad se me escapó; para que mentir.

Dos horas después y con el cuerpo agarrotado de tanto mirar la pantalla, me levanté para mover un poco las piernas y comencé a hacer estiramientos de brazos, espalda y cuello. De alguna manera había que disimular con la super aún allí para poder entrar al Only, así que fui al baño con el teléfono. El ansia de ver ese mensaje estaba más arriba que nunca.

@pepitopalotes30cm: ola wapa ke tal¡¡¡¡¡¿¿¿¿¿???? de ke isla eres????¿¿¿?¿?¿¿¿?¿ kieres kedar pa grabar royos juntos reyna??????????

Ma cagué en mi puta vida. Entré en su chat para ver cuando había sido su última conexión.

En línea

El muy cabrón me había visto yendo hacia el baño desde su mesa y ahora estaba ahí conectado ¿Qué esperaba? No sabía pero me apeteció darle ese día un poco más de chispa al asunto, así que me levante la camiseta y mostré una teta al espejo mientras inmortalizaba la escena con mi móvil. La edité rápidamente en B&N y la subí sobre la marcha a mi perfil. 15 segundos después tenía mi primer like. Era suyo. Entré en uno de los cubículos, bajé mis pantalones, también las bragas y descubrí que esta situación me estaba sobreexcitando. Mi coño se estaba comenzando a inflamar y ya había comenzado a mojar el tanga blanco que vestía. Aproveché el momento y tomé algunas fotos para ciertos fans generosos además de para él. Me encanta cuidar a quien me cuida a mi.

Salí del baño no sin antes revisar si seguía conectado y aflojándome un poco el cordón del zapato. Pasé por delante de su mesa, le eché una mirada de reojo, le di los buenos días mientras sonreía y a unos escasos metros me agaché para atar el cordón, dándole una visión panorámica de mi culo en el pantalón gris ceñido que ese día llevaba.

De resto todo transcurrió como otro ajetreado día cualquiera, con mil tareas hechas pero el doble inacabadas. Ficho y me voy a casa.


Las siguientes semanas pasaron sin pena gloria, con aburrida normalidad. Algunos likes por aquí, algún comentario por allá, algún mensajito pero sin demasiada tela que cortar.

Hasta que de repente desaparece de OnlyFans y no vuelvo a saber de él en dos meses.

Se me hizo bastante extraño el tenerlo enfrente casi a diario y no poder preguntar qué había pasado, por qué se había ido de allí sin despedirse. Soy curiosa de nacimiento y la incertidumbre, el no saber, me comía por dentro. Además su pareja y yo nos conocíamos de algún almuerzo de empresa rollo familiar, así que comencé a darle vueltas a la cabeza y llegué a pensar que ella lo había pillado y que además yo iba a salir cagada de esto.

Un día cualquiera de unos meses más tarde, aparece alguien con un alias parecido al que él tenía cuando estaba suscrito a mi perfil. Creí firmemente que era él pero, aún interpretando todas las señales que me confirmaban las sospechas, necesitaba tenerlo claro al 100%. Tuvimos varias conversaciones, algunas más intensas que otras. Un día le picó la curiosidad o, simplemente, estaba muy caliente. Quería ver un vídeo mío con un juguete nuevo. También es cierto que puse los dientes largos con el previo. Charlamos por privado sobre la venta de ese contenido pero antes debía asegurarme dos cosas. La primera pregunta era la más obvia, si él era la misma persona que anteriormente había estado suscrita con ese nombre tan parecido. Tras su confirmación, llegó la segunda pregunta, una que ya nos comprometía de manera directa donde no habría que disimular.

¿Me responderás con sinceridad?- Pregunté dudando aún de lanzarme a la piscina.

-Sí, prometido.- Respondió

Fui muy directa -¿Alguien más de la oficina me sigue en este perfil y sabe que soy yo? A ti te tengo localizado desde el primer momento pero hay mucha gente anónima aquí, así que me encantaría que me dijeses si sabes.- Entré a matar, sin miramientos. Su respuesta me calmó.

– Tranquila Amanda, soy un hombre muy discreto y jamás te haría algo así. Nos conocemos hace bastante tiempo y te tengo aprecio, así que no contaría nada que te perjudicase. Además sabes que a mi tampoco me conviene.- Apostilló.

Tecleé en el móvil –Gracias. Y sí, lo sé.– mientras un suspiro de alivio salió de mi. Lo siguiente que envié fue ese vídeo donde estrenaba juguete. Ya dije que siempre cuido a quien me cuida y me trata con respeto. Efecto espejo lo llamo.

A partir de ese momento, todo cambió. Yo estaba aterrada de que eso pasase. Creía que esa chispita se podía perder, pero nada más lejos de la realidad. Se abrió una especie de nueva dimensión entre nosotros donde empezó a haber más confianza y los juegos comenzaron a subir de nivel. Las fotos en nuestro día a día; vídeos mientras nos masturbábamos y decíamos cosas; fotos en ropa interior; fotos de nuestras caras y en nuestros que haceres diarios de la vida, empezaron a ser una constante. Hubo un juego muy divertido en el que ambos entramos y nos gustó: La foto en el baño cada vez que la naturaleza me llamaba.

Un día se me ocurrió que sería muy morboso mostrarle las bragas que llevaba puestas mientras nos separaban unos escasos metros. Aunque soy una fiel amante y admiradora de la lencería femenina, he de reconocer que siempre opto por lo que más comodidad me aporta, así que intento encontrar ese equilibrio entre lo sensual y lo cómodo. Recuerdo que la primera vez que le envié una foto de esas, llevaba una brasileña negra con un borde de encaje que, siento ser yo quien lo diga pero, me hace culazo. La luz del cubículo de los aseos no es que ayude mucho pero siempre encuentro la manera de que salga algo de material decente. Ese jueguito se convirtió en diario, así que me esforcé en intentar ofrecerle diferentes braguitas, colores, poses y perspectivas.

Te voy a contar un secreto, algo a lo que también soy aficionada a hacer de vez en cuando: Ir sin ropa interior incluso a trabajar, así que ese día ¿Qué bragas le iba a enviar si no llevaba? Sí, has dado con la respuesta. Una foto de mi culo en primer plano y otra de frente mientras me tapaba el coño con la mano fue el siguiente mensaje que envié, haciéndole ver que no llevaba nada puesto bajo el vaquero. Él estaba En línea, así que las recibió inmediatamente. Comenzó a decirme barbaridades de esas que tanto me gustan cuando soy yo quien lo provoca de manera tan directa. Mencionó lo rico que sería probarme, lo suave que debía estar mi piel y las ganas que le daban de morderme las nalgas. Hasta me dijo que estaba como para tropezarse sin querer para así arrimarse un poco. No le respondí, bloqueé el móvil y lo puse en el bolsillo trasero del pantalón sin evitar sonreír con cierta picardía por fantasear con ese tropiezo. Hasta noté como me humedecía un poco.

Abrí la puerta del baño para salir y mientras la cerraba de espaldas al descansillo, pude escuchar como alguien se acercaba. Llegó hasta mí y cogió mi móvil del bolsillo. Giré inmediatamente la cabeza para ver de quien se trataba. Obviamente era él.

-No deberías llevar el móvil aquí, es fácil que te lo roben, rubia.– Dijo con cara de pillo mientras sonreía.

-Gracias por preocuparte tanto ¿Podrías devolvérmelo, por favor?- Dije con ese tono agudo que me sale cuando coqueteo. Entro en un modo coneja que da vergüenza ajena.

-Por supuesto- afirmó arrimándose mucho por detrás, tanto que pude notar su polla dura en las nalgas ¿Cómo no iba a tenerla como una piedra después de verme sin bragas en ese cubículo? Dejé que se recrease un poco mientras me apretaba contra sí agarrándome por la cadera, apartaba mi pelo y me besaba el cuello. Ahí pude notar que, aunque es muy sexual y morboso, tiene un lado muy tierno que también me gusta.

-Debo volver a mi mesa, llevo rato «en el baño»- Dije. Me dio el espacio suficiente para pasar y salí al pasillo.

-Buen día.- Dijo. No me giré. Le respondí lo mismo alargando mucho la «I» mientras sonreía.

Comencé a notar como mi coño se empapaba, como entraba en calor, como se inflamaba. El clítoris comenzó a palpitar casi a la misma velocidad a la que me iba el corazón y parecía que acababa de hacer mi sesión de cardio matutina. Soy de las que moja mucho, así que imagina lo que podía haber pasado en mi pantalón sí me excitaba lo suficiente. Me fui a mi mesa y me centré en el trabajo aunque dirigí varias miradas furtivas hasta su escritorio. También recibí muchas de vuelta. El resto de la jornada laboral transcurre con cierta normalidad y al llegar a casa busco con ansias mi vibrador morado. Tengo tres orgasmos pensando en él y fantaseando con toda la escena del trabajo. Mi mente volvía una y otra vez a esa sensación de apretarme contra sí y notarlo tan duro.


Pasaron unos días de rutina absoluta y llegó el fin de semana. Sábado de guardia para mi y unos pocos más. Una vez al mes nos toca venir a la oficina en sábado. A él no le tocó. Miraba hacia su escritorio vacío y pensaba en como todos estos días atrás habíamos estado flirteando con miradas acompañadas de sonrisas traviesas y mensajes morbosos por el Onlyfans.

Whatsapp:

-¿Qué tal la guardia?

-Aburrida. No tengo con quien jugar en la oficina. Encima hoy hay alguien que esta mañana no ha pasado por el tren de lavado ¿Sabes como huele aquí dentro? Estoy por preguntarle si está vivo o muerto- Dije

¡Jajajaja! Exagerada.– Dijo

-Si, exagero pero sabes de lo que hablo. Además como tú no estás, tampoco está tu perfume y solo puedo oler el delicado aroma del sobaco de paco. SOCORRO.- Apostillé exagerando mi desgracia.

-Oye, una cosa. Tengo que ir por la pastelería que está en la calle del curro. Paso un segundo, te saludo y dejo mi olor repartido por el ambiente y mi presencia en tu cabeza. Así se te hace más ameno- Dijo. Menos mal que lo conozco y esa chulería que desprende es del mismo tipo que la mía: camuflar inseguridades.

-Vale. Nos vemos en un rato.– Respondí muy escueta, los nervios siempre me traicionan.

Fui al baño para retocarme el maquillaje, atusarme un poco el pelo y colocar todo en su sitio. La blusa negra que cogí del armario esa mañana, tenía un escote bastante interesante. Lo pensaba yo y por las miraditas que recibieron las mellizas, también algunos compañeros.

Había pasado más de una hora y el muy mamón no había aparecido. Cada vez que las puertas del ascensor se abrían haciendo ese sonidito característico, miraba hacia el hall esperando verlo entrar. Tardó diez minutos más en llegar. Vestía camiseta blanca de marca que era casi imperceptible, vaqueros que parecían hechos a medida y deportivas. Tenía la barba muy bien perfilada y había pasado por la Barber Shop. No se que me pasa pero un hombre con el pelo recién cortado, con la barba arreglada y que además vista camiseta blanca, me vuelve loca. Su perfume invadió toda la oficina, cosa que agradecí enormemente porque camuflaba el aroma hostil del lugar. Sujetaba un vaso con tapa de los que hay en la oficina.

-Mira rubia, para que no te quejes. Te traje café.- Dijo desprendiendo seguridad mientras me guiñaba un ojo y colocaba el vaso sobre mi escritorio.

-Gracias- Respondí con sonrisa pícara.- Ya te podías haber enrollado y habérmelo traído de la pastelería en vez de ese del office que sabe a quemado. Puto café de mierda que compra la empresa. Pero oye, se agradece el detalle.- Dije en tono sarcástico intentando picarlo un poco.

-Como eres eh, como eres.

-¿Cómo soy?- Pregunté sin quitarle la mirada

-Una enterada. Aún no he ido a la pastelería, pase antes a verte a ti. Pero de nada eh, de nada– Dijo con cara de pillo.

-Venga, vale. GRACIAS- Respondí resignándome y alargando mucho las vocales.

Después de una charla sobre el trabajo que hacía y lo que me quedaba por hacer, se marchó. No me gustaba que se fuese pero me encantaba verlo irse. Su espalda marcada en la camiseta blanca, sus nalgas moviéndose a cada paso en ese pantalón vaquero, la estela que deja su perfume al moverse. Fantaseaba con posar mi nariz en su cuello para absorber todo el olor que mi capacidad olfativa me permitiese. Dejé pasar unos 3 minutos y fui al servicio. Después de asegurarme que no hubiese nadie en alguno de los cubículos, saqué a las mellizas por el escote de la busa frente al espejo e inmortalicé aquello con una foto que, a modo suicida, le envié directamente por whatsapp. Esa imagen iba acompañada de este mensaje:

-Aquí tienes lo que tanto buscabas hace unos minutos en la oficina. No podías dejar de mirarme el escote ¿eh? Si llego a saber que pasas hoy, hubiese traído las galletas que te dije para acompañar este maldito café. Por cierto, necesito un descanso, tengo los ojos que solo ven números y letras de tanta pantalla. ¿Tienes tabaco? Invítame a un cigarro en el escondite.

Nos habíamos fugado alguna que otra vez (más de las que reconoceré) a una zona apartada de la azotea para echarnos un cigarro y morbosear sin traspasar ciertos límites. Nos repasábamos de arriba a abajo mientras nos decíamos cosas o él hacía alusión a la ropa interior que sabía que vestía y yo le enseñaba en alguna ocasión el hilito del tanga, ya que muchas veces subía contenido antes de irme a trabajar o cuando le enviaba la foto diaria de las braguitas que llevaba. Otras tantas hablábamos de la vida en general, de su situación, de la mía y nos reíamos juntos de las desgracias fueran o no compartidas. Cortocircuité y entré un poco en pánico.

¿Quizás te asusté?– Le dije mientras revisaba una y otra vez el whatsapp buscando la ansiada confirmación de lectura.

Mi mensaje seguía en visto y no lo veía en línea. «Como lo voy a asustar ¿A él? No creo. ¿Será que sí? No te vengas tan arriba, que coño lo vas a asustar. Quién te crees bonita ¿La jodida Scarlett Johansson? Pues no Reina, no lo eres» Discutía con mi cerebro intentando razonar. Los nervios por la incertidumbre me nublaban la razón, así que solté el teléfono y me concentré en el trabajo. Volví a revisar el móvil a los 5 minutos y tenía un mensaje suyo.

-¿Asustarme? Que va. ¿Dónde estás rubia? Estoy aquí y no te veo.

Minimicé la pantalla del ordenador y salí dirección al ascensor decidida a pulsar la última planta. La espera a que se abrieran las puertas se me hizo eterna, parecía que estaba mucho más alto que un piso 8º. Subí en él, busqué mi imagen en el espejo de la pared, pulsé el botón y según se cerraron las puertas, volví a buscarme en el reflejo para acicalarme. Tenía el corazón a punto de salírseme del pecho y cada vez estaba más cerca de la azotea. Se abrieron las puertas y entré por la vieja ventana que daba hacia el escondite. Giré tres veces a la izquierda y ahí estaba apoyado en la pared con pose chulesca. Tenía una pierna flexionada con el pie puesto en la fachada.

-Pensé que ya no venías, estaba a punto de marcharme a la pastelería.- Dijo según me vio aparecer por el lugar

– Ay perdón! No te respondí al whatsapp.

-Ni lo leíste.-Reclamó

-Ni lo leí, ni lo leí… – Admití, aunque podía haberle recriminado que él tampoco me había respondido a mi.

-Muy bonita foto la que me enviaste por whatsapp. Están preciosas hoy.

Tragué saliva. -¿Te gustó?

– Claro, me encantó, me encantaron. Ese color tuyo me vuelve loco. Me encantaría verlo en directo– Dijo con su mirada clavada en el escote.

-¿Ves esas ventanas? sabes que hay oficinas en el edificio de enfrente.- Dije intentando aportar algo de lógica y haciéndole entender que sabía perfectamente que trataba decirme.

-Sabes que es sábado y que seguro no hay nadie– Respondió

-No estés tan seguro. Míranos a ti y a mí. Estamos aquí.– Afirmé con tono sugerente.

-Entiendo, tienes razón. No lo hagas. Solo era un deseo, un pensamiento en voz alta. Es que te miro el escote y no puedo evitar volver a la foto, verte a través de la camisa– Decía mientras su mirada se volvía a perder entre mis tetas.

Revisé a vista de ojo las ventanas más cercanas y me saqué una de las mellizas por el escote. Él seguía mirando y sus pupilas se dilataron. Fue subiendo lentamente la mirada para encontrarse de nuevo con mis ojos, morderse, resoplar y girar el rostro mientras se le escapaba una sonrisilla nerviosa con un murmullo que me fue imposible de descifrar.

-¿Qué?– Pregunté

-¿Qué?– Respondió preguntando, haciéndose el loco con gesto travieso.

-Bueno, dame un cigarro- Cambié el tema tratando de enfriar el ambiente.

-Claro, aquí tienes ¿Quieres fuego también?- Preguntó mientras sonreía sin sostenerme del todo la mirada.

-Mejor no te digo lo que quiero. Sí, dame fuego porque si no para nada quiero el cigarro- Respondí con voz aguda. Sacó el mechero de su bolsillo y acercándose a mí, prendió fuego al pitillo que estaba entre mis labios. Volvió a colocarse en la misma postura en la pared a dos metros de distancia.

-Oye ¿De qué color son hoy? -Preguntó curioso

-¿A qué te refieres? No sé de que me hablas Respondí preguntando, haciéndome la tonta.

-No te hagas la bobita que sabes de lo que estamos hablando.– Afirmó con sonrisita

-Claro que lo sé pero hoy no estás trabajando y no tengo porque decirte nada. Si hubieses estado de guardia, haría dos horas que lo sabrías. Además te quejarás de que no haber recibido foto hoy.

-No, no me quejo, para nada, pero entonces ¿Por qué te haces la que no sabe?– Preguntó

-Porque quiero que me lo preguntes directamente. Quiero oírtelo decir. Siempre estás con jueguitos y buscando palabras correctas, dando a entender las cosas pero sin ir directo al grano. Así que ya sabes porque me hago la que no sabe, porque también sé jugar un poco a esto. Lo que quiero es oírtelo decir.- Dije venida arriba mientras clavaba mis ojos en los suyos. Tenía las pulsaciones locas. Su gesto cambió a serio y se acercó lentamente a mi. Puso su mano en mi cintura y esta vez sin quitarme la mirada dijo.

-Amanda, quiero saber de que color son las bragas que llevas, me muero por saberlo. Me tienes tan malacostumbrado que hoy no he hecho sino pensar en cuales serán, si serán tanga, brasileña, de hilo, bragas normales y sobre todo, de qué color son.

Se hizo el silencio y el calor se apoderó de mí. El pecho se me enrojeció, los pezones se me pusieron duros y el pulso volvió a acelerarseme.

Negras. Las de hoy son negras. Es un tanga de hilo negro oscuro y además ahora mismo, está mojado.- Dije nerviosa y excitada con la mirada un poco baja mientras le mostraba el hilito lateral.

¿Cómo que negro oscuro? Pedazo absurdez. Me justificaré diciendo que en aquel momento, poca sangre tenía para que el riego me llegase bien al cerebro. Estaba subnormal perdida y muy cachonda. Tenía los labios y el clítoris inflamados, los notaba latir. En ese momento, me apretó fuerte contra sí y noté lo que esto le ponía. La tenía durísima. Bajó un poco su rostro mientras yo lo alzaba y me besó mientras la mano de la cintura bajaba hasta mis nalgas por dentro del pantalón y la otra se dirigía a mi rostro. En su camino hasta la parte baja de mis posaderas se encontró con el tanga, jugando un poco con el hilo y tirando de él. Su mano cambió de dirección y se fue a la parte delantera porque allí existía una inundación que había que resolver de inmediato.

-Joder, como está esto- afirmó entre susurros mientras no paraba de besarme e inspeccionaba un poco el lugar con sus dedos buscando el clítoris.

-A que si ¿Eh? ya te dije que el tanga estaba mojado- Dije también muy bajito

-Uff Amanda.- Articuló mientras cogía mi mano y la colocaba haciendo presión sobre su erección para que entendiese en que escala del 1 al 10 estaba. Afirmaría que era un 10. Desabroché la hebilla de su cinturón, desabotoné su bragueta, descubrí el bóxer verde oscuro que vestía y que tenía una marca de humedad reciente. Metí la mano por la gomilla de arriba y me encontré con lo que iba buscando. Comencé a jugar con el glande y todo el fluido que iba brotando de él.

-Dices como está lo mío, y lo tuyo ¿Qué? Que cachonda me tienes hijo de puta- Dije entre susurros mientras mis manos seguían jugando y las suyas, también. Dirigí mi vista hacia su dureza y su brillo era tal que me hipnotizaba. Daban ganas de metérsele en la boca y no parar hasta que se derritiese toda sobre mi lengua o al fondo de mi garganta. Él fue bastante hábil con los dedos para ser la primera vez que me tocaba. No soy una mujer fácil en lo que a otra persona me de placer se refiere, pillarme el punto es algo complejo.

¿Quieres saber cómo sigue la historia? No te pierdas las próximas entradas ¡Vuelven los relatos de varias partes!

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