Prácticas de tiro
Prácticas de tiro

Prácticas de tiro

Mis findes son intensos.

Muy intensos.

No vengo aquí un lunes de buena mañana a presumir lo bien que me va la vida sexual los fines de semana. Lo juro. Les cuento simplemente como ha sido el sexo en esos días pero tendré que contar la verdad.

Solo hablaré de una sesión en particular porque podríamos alargarnos horas y horas si les cuento todo el finde.


Sábado 9:00 AM

Abro los ojos como puedo (están pegados aún) porque noto que hay algo que me gusta. Bueno, no es algo que me gusta. Es alguien que me gusta haciéndome algo que me gusta. Lamerme. No lo hace mal, nada mal… Estaría todo el día con su boca entre mis piernas.

No sé que mierda le pasa a él que no puede evitar mojarse la boca con mis labios empapados. Solo quiere comer y  beber de mí, saciar su hambre y su sed, saciar sus ansias, sus ganas. No sé que mierda me pasa a mí que cuando se me acerca, lo único que quiero es que saque a pasear su lengua y me succione con sus grandes labios.

Lengua, lengua, lengua y más lengua. Más presión, menos presión, succión suave, succión fuerte. Hasta que llega el combo: Succión- lengua-succión suave- lengua suave- presión- lengua…

15 minutos más tarde y con varios intentos de orgasmos fallidos porque aún no quiere que alcance el éxtasis, se acuesta sobre mí y se abre paso por el medio de mi ser. Podría mentir y decir que le resulta complicado pero el jugo que resbala entre mis muslos facilita mucho la tarea.

La primera entra bien. Se queda dentro de mí y lo abrazo. Y lo abraso. Estoy que ardoVuelve a entrar y coge ritmo, fuerza, velocidad. Noto como nuestras pelvis chocan entre sí mientras sus labios acarician mi cuello, besándome y dedicándome palabras entre bonitas y sucias. Mientras tanto, deslizo una mano por su espalda para apretar una de sus nalgas y la otra va directa a su cabeza. Meto la mano entre su pelo ondulado y recorro su cuero cabelludo. A veces le tiro ligeramente con suavidad. Le pone y me pone. Nos pone. Mucho. Muchísimo.



Sale de mí y gracias a la luz que entra tímidamente por la ventana, puedo ver como brilla su cuerpo, como reluce su tez morena, el satinado de su piel. Sin decir nada, sin preguntar, sin pedir permiso; me tumba sobre el lado izquierdo y, mientras esta arrodillado, levanta una de mis nalgas para volver a ser abrasado.

Esta vez viene con más fuerza, con más ímpetu. Se nota que está ansioso. Me lo cuentan los gestos de su cara, esas muecas que hace, la forma en la que pone la boca y como entorna los ojos con cada embestida. Pone sus grandes manos sobre mí y me somete a una ligera presión contra el colchón. Tengo la cara pegada a la almohada, las tetas en la cama y me tira del pelo con suavidad. Cuando considera que ya está bien, busca con su boca mi cara mientras va aflojando el ritmo y me dice cosas bonitas, me besa, me acaricia. Hace que me sienta suya. Me hace sentir que tiene el poder suficiente para someterme, para hacerme lo que le de la gana, para doblegarme. Pero estoy segura. Sé que nunca sería capaz de hacerme daño, aunque pudiese. Porque puede, pero no quiere. Porque sabe que así me tendrá siempre y de la otra manera, nunca.



La fiesta no ha parado. El muchacho necesita más. Las balas aún no han sido disparadas, el cargador está lleno y llevamos un rato practicando tiro. Como si pareciese casi sin querer, giro el culo y lo pongo en pompa para él. Se retira unos centímetros para poder abrir plano y disfrutar de la diana que le ofrezco. No hizo falta ni apretar el gatillo para acertar en el tiro. Primero suave para luego aumentar el ritmo.

La curva de mi espalda cada vez es más notoria y mis gemidos se incrementan a la misma velocidad que sus embestidas. Sus manos recorren mi espalda acariciándola, aprietan y azotan mis nalgas, pasean por las tetas y de vez en cuando se escapan hasta mi cuello para presionar muy suave. Me lleva contra sí, levantándome ligeramente para poder tener mi boca a su disposición. Busca mis labios con los suyos, mete la lengua y baja la mano hasta mi clítoris. Sigue embistiéndome y yo cada vez estoy más cerca de alcanzar la gloria orgásmica.

Cada vez va a más y yo ya no puedo parar. Él ya no quiere pararme. Él ya no puede pararme.

Me libera de la pesada agonía de querer y no poder. Mis fluidos recorren la pistola por completo. Está demasiado sucia, así que es hora de limpiarla. Acerco mi cara al arma, que me apunta con desespero. La observo con detenimiento, introduzco muy suavemente el cañón en la boca y me dispongo a una limpieza exhaustiva. A la vez que unto con saliva, saco brillo a mano para que reluzca como nunca antes, como si fuese a ser expuesta en algún museo de una ciudad importante.

Me encanta observarlo mientras le doy placer. Noto como se hunde su abdomen, como endurece las nalgas y como se abandona a mi boca. Sigo dando lengua sin parar y me esmero para que esté perfecta. Cada vez brilla más. El cañón está más duro y grueso, cabe en mi boca a duras penas. Empuja con fuerza unas cuantas veces y llega hasta mi garganta sin ningún tipo de contemplación, dejándome a ratos sin aire.


Sin previo aviso abandona mi boca y vacía el cargador a bocajarro, dejándome el rostro y los labios inundados de munición. Sorprendida por el reciente tiroteo, me retiro lentamente del arma por si aún quedase alguna bala encasquillada y lamo la punta del cañón con suavidad, limpiando cualquier resto de la reciente batalla. Después de ese trabajo exhaustivo de pulcritud con mi boca, dejé caer mi cuerpo sobre el colchón, buscando descanso después de la intensa lucha.

Una hora después, me despierto con energías renovadas. Bueno, ME DESPIERTAN. Sabes ¿No? Si, ahí está de nuevo lamiéndome y el arma apuntándome y lista para empezar de nuevo las prácticas de tiro.

Deja un comentario

Me obligan a molestarte con esto. Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies

Descubre más desde El Blog

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo